Si tu marca es un disfraz, te prefiero desnudo

En los últimos años he ido haciéndome consciente de como los seres humanos tenemos la tendencia a construirnos personajes falsos encima de nuestra verdadera esencia. Lo hacemos con buena fe, para encajar en la sociedad, asemejarnos a los modelos de éxito, ser aceptados por nuestros símiles o, como ápice, resultar admirados por otros.

Este afán de aceptación externa trae consigo la negación de nuestra esencia, un rechazo interno a menudo inconsciente, del que yo misma padecí durante años sin darme cuenta y del que todavía estoy despojándome.

Debido a lo generalizado que está este habito, estamos rodeados de personas con máscaras, disfraces cuando no corazas, que niegan su esencia a sí mismos y a los demás.

hombre disfrazado

Por prolongación lógica y deformación profesional, pienso que estas personas aplicarán la misma negación también a sus proyectos empresariales si los tienen. Si pensamos que lo común es diseñar marcas con el objetivo de que nuestro producto le guste a los demás, el deseo lógico es el mejor disfraz para tu empresa, sin que sea necesaria ninguna esencia.

Pues ¡Yo rechazo esta idea, tanto en lo personal como en lo empresarial!

Del mismo modo que no me gusta sentirme atraída por un hombre y luego descubrir que solo me embaucó un disfraz que impedía que viera su esencia, tampoco me gusta sentirme atraída por una marca que han cuidadosamente disfrazado para gustarme a costa de su esencia.

¿Sabes la ironía? Que yo me dedicaba profesionalmente a eso!! Mi rol como directora de un estudio de diseño era representar a las empresas con marcas bonitas. Lo hice con todo el cariño hasta que empecé a vislumbrar la contradicción dentro de mí y a sentir un malestar que no pude ignorar: debía evitar fomentar yo misma este sistema de disfraces que no me gustaba.

Empecé por mí misma, por aceptarme tal como soy y como pienso, con lo que me apasiona y lo que me sale bien, y mostrarme aún sin la seguridad de que vaya a gustarle a la sociedad en la que vivo. No hace falta ser drástica es este desnudo, no a tal punto de no vestirme o maquillarme para la ocasión o de no preparar mis palabras para presentarme, pero sí seré auténtica en lo que digo y lo que hago. Elegiré conscientemente mis actos así como mi ropa, para que reflejen y realcen lo que soy por dentro.

Y este será también mi planteamiento en mi nueva profesión: acompañar a otras personas a comunicar sus proyectos empresariales sin máscaras, fomentando que el mundo se llene de autenticidad, creando marcas que reflejan y realzan lo que las empresas ya tienen por dentro.

Para hacerlo es necesaria la participación activa del fundador o fundadora del negocio, con quien extrapolamos los rasgos intrínsecos a su idea, reavivamos la ilusión que le movió a montar ese proyecto en primer lugar, mostramos su sueño y sus valores…

La dinámica que he encontrado para sacar a la luz esta esencia deriva del arte terapia. En lugar de explicar la empresa con palabras, un lenguaje que activa la lógica, los filtros de la aceptación y da pie al disfraz, propongo que me lo expliquen con imágenes, seleccionándolas sin lógica aparente, dejando que le guie el subconsciente, un viejo sabio que sabe más de lo que parece sobre nuestras pasiones y miedos.

Personalmente siento alivio cuando consigo hacer consciente algo que todavía me quedaba oculto, cuando veo claro la motivación profunda por la que decidí montar una veterinaria, un restaurante, una escuela o una consultoría de branding… esa motivación, ese “why” o “para qué” tiene más poder de venta que ningún disfraz posible y, realzado adecuadamente con el diseño, como si de su ropa se tratara, puede conseguir tanto el objetivo de gustar y vender como el de poblar este mundo con una marca auténtica más y una persona auténtica más.

Y así, pasito a pasito, hago camino. No espero erradicar el mundo de los disfraces, pero sí aportar algo para que haya más marcas que no lo son.